Cerdeña, el Caribe del Mediterráneo.

La isla de la que todos hablan y que tiene mucho que contar, el lujoso archipiélago que nos ofrece Italia.

¿Por qué todos hablan de Cerdeña?

Playas de aguas color esmeralda, grutas marinas, mucho terreno de aventura y rico queso ‘pecorino’. Una vuelta emocionante a la isla italiana más deseada del Mediterráneo por los millonarios en búsqueda de paz y tranquilidad.

Anclada en pleno centro del Mar Mediterráneo y al oeste de Italia , ”Árida y misteriosa». Con esas palabras definen los sardos a su isla. Una tierra de pastores desde tiempos neolíticos que hoy se conoce por ser destino de vacaciones de ricos y famosos como George Clooney, Irina Shayk o Rafa Nadal. Además, Silvio Berlusconi es propietario de unas miles de hectáreas en el noreste de la isla, la famosa Costa Esmeralda, donde el expresidente italiano tiene su residencia de verano.

La isla sarda es diferente al resto. Existen pocos lugares en los que se pueda caminar por bosques casi alpinos, explorar enormes grutas marinas, pasear entre ondulantes viñedos o antiguas ciudades con pasado de bandoleros. Si añadimos algunas de las playas más bellas y espectaculares de Europa y diversas curiosidades gastronómicas, como degustar erizos de mar y anémonas, salchichas de asno y, para los más audaces, Casu Marzu (queso pecorino con gusanos), hay muchas razones que explican por qué se ha puesto de moda. 

En la isla se encuentra el archipiélago de la Maddalena, donde los buceadores acuden seducidos por la visibilidad de sus aguas y la abundante fauna acuática que puede llegar a verse, pero también con la esperanza de descubrir los restos de alguna nave romana hundida. 

Lo más llamativo de Cerdeña (especialmente en Instagram) son las aguas que rodean la isla, de una transparencia y un color casi irreal. Numerosas actividades son posibles en la isla, sabiendo que existen senderos por las cimas de acantilados, grutas marinas accesibles en kayak, paseos en barca por recónditas y bellas calas… Sin embargo, las playas más famosas de Cerdeña se encuentran en la Costa Esmeralda, al noreste, donde los montes graníticos azotados por el viento de la Gallura se precipitan hacia ensenadas con formato fiordo y un mar que hace honor al nombre de esta franja litoral, y en Alghero, donde playas como la de Le Bombarde constituyen una de las destinaciones más atractivas debido a la amplia cantidad de actividades que propone y la tranquilidad que ofrece su entorno natural. Cerca se encuentran maravillas como la Grotta di Neptuno, en el cabo Caccia, cueva que se está convirtiendo en elemento clave a visitar en la isla. La llegada a la cueva resulta inolvidable, tanto si se hace en barco desde Alghero como si se descienden los vertiginosos 656 peldaños que zigzaguean durante 110 metros por un escarpado acantilado. Al llegar se entra en una catedral natural, con bosques de estalactitas y estalagmitas de curiosas formas que se reflejan en inmóviles estanques de agua.

Comer, conversar y vivir.

Cerdeña se presta también a experiencias diferentes, más intimistas, como el agroturismo, que invita a conocer de primera mano la vida más tradicional de la isla. Por ejemplo, adentrándose en los viñedos de Sorgono, en el llamado Trenino Verde, donde se pueden visitar bodegas familiares, granjas donde se elabora el queso pecorino de oveja fresco, o asistir a los alegres festivales gastronómicos locales. En Alghero, en marzo podemos degustar los ricci (erizos de mar) y a comienzos de junio participar en la famosa mattanza (pesca del atún) de Carloforte.

 

Durante mucho tiempo Cerdeña se conoció exclusivamente por su Costa Esmeralda, un paraíso para millonarios, aristócratas, modelos y magnates de los medios de la comunicación. En 1962 Karin Aga Khan creó un consorcio para comprar una franja del intacto litoral del noreste de Cerdeña, y cada socio se hizo con un pequeño pedazo de paraíso, que bautizaron como Costa Smeralda por la deslumbrante tonalidad de sus aguas. Porto Cervo y Porto Rotondo todavía lucen sus yates y los paparazzi se agolpan en su espectacular paseo marítimo.

Ese aire sibarita y exclusivo es compatible, sin embargo, con su gastronomía local, convertida en uno de los imanes para quienes visitan la isla. A pocos kilómetros de los refinados restaurantes de la Costa Smeralda encontramos productos sencillos y auténticos, convertidos ahora en un nuevo lujo. Cultivo ecológico y slow food son términos para definir lo que en Cerdeña nunca ha dejado de hacerse. Como visitar granjas que venden su propio pecorino, salami y recio tinto cannonau; adquirir panes de artístico aspecto y dulces de almendra en panaderías de Cagliari y Nuoro, así como dar cuenta de la gran variedad de marisco local.

Es más, se puede saborear todo en un rústico agroturismo, donde sirven un sinfín de platos de antipasti, culurgiones (raviolis) rellenos de ricota, cochinillo asado y sebadas (buñuelos) bañados en miel.

Su naturaleza inexplorada

El lejano extremo noroeste de Cerdeña presume de conservar un paisaje salvaje e inexplorado, un territorio desierto (salvo en verano) donde se encuentra la isla y el parque nacional de Asinara. Este frondoso, escarpado e insular parque es una de las pocas zonas vírgenes costeras de la isla, hábitat natural del asino bianco (asno albino) así como del halcón peregrino, el muflón, el jabalí y la tortuga boba. Se pueden hacer circuitos guiados a pie o en bici por los rincones más remotos de esta isla o bucear en las límpidas aguas que bañan sus acantilados de granito y hermosas playas.

Otro de los parques naturales regionales más bellos de la isla es el Parco di Porto Conte, que se extiende 60 kilómetros por la costa noroeste, una zona que Jacques Cousteau describió como una de las más bellas del Mediterráneo. ElParque Nacional del Archipiélago di Maddalena es otro lugar mágico: está formado por siete islas y varios islotes frente a la costa noreste. A lo largo de los siglos, el viento maestrale (mistral) ha cincelado las rocas graníticas de este archipiélago, mientras bajo el agua la isla Maddalena es uno de los puntos preferidos por los submarinistas: pulcras aguas de color zafiro, unas las más limpias del Mediterráneo. Una carretera panorámica de 20 kilómetros rodea esta islita y facilita el acceso a varias ensenadas muy bellas.

Una aventura acuática

Con 2.000 kilómetros de costa, y un interior montañoso, Cerdeña está repleta de oportunidades para la aventura, y mar adentro triunfan deportes como piragüismo, buceo, surf o kitesurf. En Porto Pollo, al noreste, suele haber una alta concentración de windsurfistas y amantes del kite procedentes de toda Europa, aprovechando el viento bravío que sopla en el canal entre Cerdeña y Córcega. Los surfistas suelen dirigirse a la península del Sinis, al noroeste de Oristano, donde las olas alcanzan los cuatro metros.

Y los submarinistas suelen escoger entre las islas rocosas que bordean Cerdeña para sus inmersiones, como la isla di San Pietro, en el suroeste, isla Tavolara, al noreste, y en las aguas protegidas del archipiélago de la Maddalena, en el norte. Otra experiencia interesante es navegar alrededor de la isla o apuntarse a un curso de vela en alguno de sus puertos deportivos, como en el de Porto Pollo o en el puerto de Fertilia, en Alghero.

Quienes prefieran experiencias emocionantes en tierra firme, el senderismo tiene posibilidades infinitas, por ejemplo por la deshabitada y verde campiña cercana a Montiferru, en el sur. O en el bosque de Le Prigionette, cerca de Alghero, para dar paseos o montar a caballo junto a su litoral rocoso. Una propuesta más: los amantes del ciclismo de montaña pueden ponerse a prueba en las remotas cimas de Ogliastra.

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